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OPINION: Anailén Nassif. «El problema no es Juan Sartori»

COLUMNA

El problema no es Juan Sartori.

Este fin de semana imágenes que circularon de forma viral del acto de homenaje por el 35 aniversario del regreso de Wilson a Uruguay, mostraron escenas impensadas hace, a penas, dos meses. Aclaro que el motivo de sentarme a escribir no obedece a ninguna inclinación política, ni a una búsqueda de supuestas justicias o injusticias, porque de hecho hace décadas que veo, escucho y leo sobre política y, a estas alturas, la “biblioteca” hace que trate de observar con toda la objetividad que como persona me es posible.

Los empujones, el ningunear a alguien que corre la misma carrera, que integra el mismo cuerpo (si se quiere a eso se refiere la cosa) el alerta a vistas plena de qué cosa hace o deja de hacer un pre candidato y sus posibles consecuencias, el desaire (porque además se la ligó de rebote su esposa –¿equidad o una muestra obscena de mala educación?-, el ignorarlo al mejor estilo adolescente…era un acto público, era una actividad partidaria donde el homenajeado pidió en vida que “no se peleen” y que “militen…juntos”…quizá se lo subestimó a Sartori cuando entró en carrera. ¿No habrá sido eso?

¿Cuál es el problema aquí?¿El problema es Sartori?¿Es la plata de Sartori?¿Es lo que dice Sartori?¿La inexistencia de un pasado político de Sartori?

El problema es la irrupción, la disrupción, el argumento diferente (después se discutirá si es realizable o no lo que propone) lo joven (tiene 38 años), lo descontracturado, la seducción que supo tener en el espectro más difícil de cualquier político: los jóvenes y los que votan por primera vez. El problema es que es nuevo: desde él hasta lo que dice y piensa. El problema es que le pegó una patada al Statu Quo y entonces, es cuando comienza a escucharse la palabra “peligroso”. Sartori pasó de ser un desconocido, a Juan, de ahí a millonario, de eso a “Sartori” pasando por “fenómeno” pero al final “es peligroso”. Sartori agitó la interna y la onda expansiva movió la letra de todo el espectro político, sin excepción. De todos lados, de todos los colores.

El verdadero problema aquí puede ser subestimar al pre candidato y al ciudadano. Si lo que promete es irrealizable o una estafa lo dirá el tiempo y la justicia, pero también digamos que los “fenómenos” surgen y suceden cuando la sociedad intenta encontrar otras alternativas: ni buenas ni malas, otras. El ciudadano, el electorado, es el único que dispondrá de los destinos de quienes se postulan a cargos de tamaña envergadura.

El problema no es Sartori: el tema es todo lo que generó Sartori…

Anailén Nassif Gopar – UR30

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