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Eduardo Lust y una nueva forma de conversar “la política”

ANALISIS UR30

Por Anailen Nassif Gopar – UR30

Hay fenómenos políticos que no se explican solamente por una elección, un partido o una propuesta. Eduardo Lust parece ser uno de ellos.

El pasado miércoles 23 de setiembre presencié en Nueva Helvecia un conversatorio con el exdiputado y abogado. La convocatoria fue de una gran concurrencia y, más que un acto, el encuentro tuvo características de conversación ciudadana: exposición, preguntas, intercambio de ideas y una combinación de política, Constitución, historia, filosofía y actualidad.

Lust se presenta diciendo que “ahora estoy como en una situación que estoy alejado de la política partidaria. Eso me permite venir aquí. Porque si esto fuera un acto del Partido Nacional no habría tanta gente…además no tiene sentido que yo esté en política partidaria. Esa es la realidad”. Cuando relata un encuentro en Trinidad, dice: “No fue un acto político. Fue un acto cultural”.

Y allí aparece, a mi entender, una de las claves para comprender el fenómeno Lust.

Lust ocupa un espacio particular: es una persona vinculada a la política que, al mismo tiempo, intenta relacionarse con el público desde fuera de las estructuras partidarias tradicionales.

No es un outsider absoluto. Fue diputado, participó de partidos políticos y actualmente impulsa una propuesta política propia. Pero su comunicación construye otra identidad: la de alguien que conoce el sistema desde adentro y que, sin embargo, habla como quien pretende conservar una cierta distancia de sus estructuras.

Ese posicionamiento parece coincidir con un fenómeno más amplio de la sociedad uruguaya. En enero de 2026, Factum registró un 28% de personas desinteresadas o descreídas del sistema político. En una entrevista posterior, Eduardo Bottinelli señaló que alrededor de dos de cada diez uruguayos se ubican específicamente en el grupo de descreídos.

Esto no significa que esas personas hayan dejado de interesarse por el país. Puede significar, entre otras cosas, que buscan relacionarse con la política de otra manera.

Y allí Lust encuentra un terreno de comunicación.

Del acto político al conversatorio

Lo observado en Nueva Helvecia permite pensar que su formato es parte importante de su convocatoria.

No hay solamente un dirigente frente a un público. Hay un expositor que habla durante un período determinado, desarrolla conceptos y luego abre espacio para preguntas. Esa estructura reduce la distancia entre quien habla y quienes escuchan.

La persona que concurre no necesita asumirse como militante, afiliada o integrante de una organización. Puede simplemente querer escuchar.

Ese detalle no es menor.

En la política tradicional, la relación suele construirse alrededor del partido. En este nuevo formato, puede construirse alrededor de la persona, sus ideas y la conversación.

El profesor antes que el candidato

Otro elemento que aparece con fuerza es el perfil docente.

Lust explica. Habla de Derecho Constitucional, historia, filosofía, economía, actualidad y acontecimientos internacionales. Incluso temas que no son estrictamente políticos forman parte de su contenido.

Eso amplía el campo de interés.

Una persona puede llegar por una opinión política, otra por una explicación constitucional y otra simplemente por curiosidad. El propio Lust ha contado cómo determinados contenidos vinculados con la filosofía y la historia le permitieron ampliar su audiencia.

El resultado es una figura pública que no depende exclusivamente de la agenda electoral.

Martín Aguirre, en una reciente columna de El País, definió precisamente su estilo como “sosegado y académico”, destacando que se aparta del formato comunicacional basado permanentemente en frases estridentes o titulares impactantes.

La autenticidad como herramienta de comunicación

Hay además otro componente: la construcción de una identidad personal.

Lust habla de viajes, dificultades cotidianas, anécdotas, situaciones familiares y episodios de su vida. Es decir, no construye exclusivamente la figura del abogado o del político.

Construye una persona.

En tiempos donde buena parte de la comunicación política está profesionalizada, esa exposición de lo cotidiano puede generar una sensación de proximidad.

No necesariamente significa que todo el público comparta sus posiciones. Significa que existe una relación comunicacional diferente.

Y eso ayuda a explicar por qué su audiencia puede ser más amplia que su estructura partidaria.

Las redes no son el destino: son el puente

El fenómeno tampoco puede analizarse sin las redes sociales.

Cifra registró en 2024 que el 27% de los uruguayos seguía a algún político en redes, frente al 18% de la medición anterior. Instagram aparecía como la principal plataforma para consumir contenido político, aunque el estudio advertía que las redes parecían ser más efectivas para consolidar posiciones de quienes ya tenían una inclinación política que para convencer a los indecisos.

En el caso de Lust hay, además, una particularidad: la comunicación digital conduce al encuentro presencial.

Un video genera audiencia. La audiencia genera una invitación. La invitación produce un conversatorio. El conversatorio genera nuevos contenidos y esos contenidos regresan a las redes.

Se crea así un circuito:

redes → audiencia → encuentro → comunidad → nuevas redes.

Ese circuito es diferente al de una campaña electoral convencional.

La gran pregunta

El fenómeno Lust plantea una interrogante que trasciende su figura.

¿Estamos frente a una nueva forma de participación política?

Todavía es temprano para afirmarlo.

Una persona puede concurrir a una charla por interés intelectual, curiosidad o identificación con determinadas ideas y no necesariamente traducir esa experiencia en militancia o voto.

También existe otro límite: una convocatoria presencial, por numerosa que sea, no constituye por sí misma una muestra representativa de la sociedad uruguaya.

Pero sí revela algo.

Hay personas dispuestas a trasladarse, sentarse durante un tiempo, escuchar a un dirigente y participar de una conversación política cuando esa conversación no se presenta necesariamente como un acto partidario.

Y quizás allí esté la verdadera novedad.

Una política que busca ser conversación

Lo que observé en Nueva Helvecia me dejó una impresión concreta: más que asistir a un acto político, muchas personas parecían haber ido a escuchar a una persona que habla de política.

La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es.

En el primer caso, el partido es el centro.

En el segundo, el centro es la conversación.

Eduardo Lust parece haber encontrado, al menos por ahora, una fórmula basada en esa combinación: autoridad académica sin solemnidad, política sin formato partidario tradicional, crítica sin necesidad de elevar el tono y redes sociales que terminan llevando nuevamente al contacto personal.

Su desafío será sostener esa identidad a medida que la propuesta política gane espacio.

Porque justamente allí aparece la paradoja: cuanto más se transforme en dirigente, mayor será la necesidad de conservar aquello que explica buena parte de su atractivo actual: la percepción de estar hablando con la ciudadanía desde una cierta distancia de las estructuras políticas tradicionales.

Nueva Helvecia ofreció, en ese sentido, una escena interesante para observar algo que excede a Eduardo Lust.

Una sociedad puede estar desencantada con determinadas formas de hacer política y, sin embargo, seguir buscando espacios para escuchar, preguntar, discutir y entender.

Tal vez el fenómeno no sea solamente el de un dirigente que logró construir una audiencia.

Tal vez también sea el reflejo de una ciudadanía que está buscando otra manera de conversar con la política.

Anailen Nassif Gopar
CEO POLITICA UR30